La competencia sexual entre varones es evidente en el nivel molecular, así como en los niveles del comportamiento y fisiológicos

En qué se podrían llamar un descubrimiento verdaderamente seminal, los investigadores han mostrado que cuando las hembras son más promiscuas, los varones tienen que trabajar más difícilmente -- en el nivel genético, eso es. Más concretamente, determinaron que una viscosidad del semen de la proteína que controla se desarrolla más rápidamente en especie del primate con las hembras promiscuas que en especie monógama.

El encontrar demuestra que la competencia sexual entre varones es evidente en el nivel molecular, así como en los niveles del comportamiento y fisiológicos.

Los investigadores, llevados por el investigador Bruce Lahn del Howard Hughes Medical Institute en la Universidad de Chicago, publicaron sus conclusión en la aplicación del 7 de noviembre de 2004 la genética de la naturaleza.

El grupo de Lahn estudió el semenogelin, una proteína importante en el líquido seminal que controla la viscosidad del semen inmediatamente después de la eyaculación. En una cierta especie de primates, permite que el semen siga siendo muy líquido después de la eyaculación, pero en otras, las moléculas del semenogelin químicamente reticulan el uno con el otro, aumentando la viscosidad del semen. En algunos casos extremos, los efectos de los semenogelin sobre viscosidad son tan fuertes que el semen se convierte en un sólido enchufa la vagina. Según Lahn, tales enchufes pudieron servir como clase de “cinturón de castidad molecular” prevenir la fertilización por la esperma de pretendientes subsiguientes, aunque puede ser que también prevengan contracorriente del semen para aumentar la probabilidad de la fertilización.

Lahn y sus colegas compararon el gen SEMG2, que contiene la heliografía para el semenogelin, de una variedad de primates. Comenzaron ordenando el gen SEMG2 en seres humanos, chimpancés, chimpancés enanos, gorilas, orangutanes, gibones, macaques, grapas de colobus, y grapas de araña. Estas especies fueron elegidas porque representan todos los sistemas de apareamiento mayores, incluyendo ésas en cuál femenino copulates con un varón en un período fértil (tal como gorilas y gibones); los en las cuales las hembras copulate altamente promiscuo (por ejemplo chimpancés y macaques); y los en entre las cuales el apareamiento practica caída en alguna parte (por ejemplo los orangutanes donde una hembra copulate con el varón dominante, pero pueden también copulate con otros varones oportunista).

“Cuando trazamos datos sobre el índice de la evolución de la proteína del semenogelin contra el nivel de promiscuidad femenina, vimos una correlación sin obstrucción por el que la especie con hembras más promiscuas mostrara índices mucho más altos de evolución de la proteína que especie con hembras más monógamas,” dijimos a Lahn. Los investigadores midieron regímenes de la evolución de la proteína contando el número de cambios del aminoácido en la proteína, después escalándolo al periodo de tiempo evolutivo llevado para realizar esos cambios.

“La idea está ésa en especie con las hembras promiscuas, allí es una presión más selectiva para que el varón haga su semen más competitivo. Es similar a las presiones de un mercado competitivo. En tal mercado, los competidores tienen que cambiar constante sus productos para hacerlos mejores, para darles un filo sobre sus rivales -- considerando que, en un monopolio, no hay incentivo a cambiar.”

El encontrar constituye las primeras pruebas específicas que diversos niveles de competencia sexual producen diversos efectos genéticos, dijo a Lahn. Había sido establecido previamente que los niveles de poliandria -- el apareamiento de una hembra con más de un varón -- rasgos fisiológicos afectados. Por ejemplo, especies más polyandrous tienen testículos más grandes capaces de producir más esperma. Hay un costo metabólico a tal adaptación, Lahn dijo, y en especie donde no hay competencia, el costo no está digno del esfuerzo.

“Ahora, por primera vez, mostramos tales efectos competitivos, no sólo en el nivel de fisiología, pero de genes individuales,” dijo a Lahn. “Los genes tienen que adaptarse más rápidamente para que cualquier varón dado gane un filo sobre sus competidores.”

Según Lahn, mientras que otros estudios han indicado que los genes reproductivos masculinos en general tienden a desarrollarse más rápidamente que otros genes, “este estudio amplía esas observaciones a un nivel más cuantitativo, mostrando que el índice de evolución correlaciona real con cómo es intenso es la selección sexual.”