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La lectura del malo aliento o del jazmín de las palabras activa las áreas olfativas del cerebro

Hay las palabras cuya potencia de evocar sensaciones ha llegado a ser proverbial. Apenas la audición de ellas trae para importar de la imagen, del sonido o de aserrar al hilo de ese pequeño fragmento de la realidad que se refieren. ¿Pero cuál es el mecanismo que explica esta conexión entre una palabra y las imágenes mentales que evoca?

Un proyecto de investigación común realizado por los científicos del Universitat Jaime I y la cognición y la unidad de las ciencias de cerebro en el Consejo de Investigación médico en el Reino Unido ha ido un paso más lejos hacia encontrar una explicación para este fenómeno. Con la ayuda de proyección de imagen de resonancia magnética, las personas observaron que la lectura de palabras con connotaciones fuertes a los olores no sólo acciona actividad en las áreas del cerebro relacionadas con el lenguaje, pero también ésos conectados al sentido del olfato.

Ajo, hedor, incienso, orina, limón, axila, lavanda… 23 personas leyeron éstos y otras 53 palabras se relacionaron con los olores (agradable o desagradable) que fueron embarullados hacia arriba con otras 60 palabras sin la asociación aromática. Al mismo tiempo, las imágenes de su actividad cerebral fueron registradas usando de resonancia magnética. Las conclusión mostraron que la lectura de las palabras asociadas a un olor accionó la activación del área en el cerebro esa información olfativa de los procesos. Más concretamente, las áreas implicadas eran la corteza olfativa primaria y la corteza orbitofrontal. En cambio, cuando los voluntarios leyeron palabras sin connotaciones aromáticas, estas regiones del cerebro seguían siendo inactivas.

De estos resultados, los investigadores creen que cuando detectamos conocimiento o lo experimentamos sobre algo que tiene una palabra para describirlo, el cerebro conecta los dos fragmentos de información, es decir, lingüístico y sensorial, para crear el significado semántico. “Dado el hecho de que las palabras están utilizadas normalmente con los objetos y las acciones que se refieren, las neuronas corticales que tramitan el relacionado con la información con las palabras y con los objetos se activan al mismo tiempo. De esta manera los datos sobre el referente y sobre la palabra se reúnen a través de las redes corticales o las membranas neuronales”, los investigadores explican en un papel que deba pronto para ser publicado en el gorrón Neuroimage.

Este concepto fue propuesto ya en los mediados del siglo XX por Donald Hebb, uno de los padres de la neuropsicología, en su principio bien conocido del aprendizaje correlación-basado. Según este principio, cualquier dos células o dos sistemas de células que se activen en varias ocasiones al mismo tiempo tenderán a llegar a ser asociados de modo que la actividad que ocurre en una facilite la actividad de la otra. Así, cuando la información sensorial presentada por el olor del canela se salva en el cerebro y lo etiqueta, el canela, un eslabón se fija entre los grupos de las neuronas que salvan los dos tipos de datos. Por eso, al oler un bastón del canela su nombre viene repentinamente importar y, inversamente, cuando leemos el nombre que sabemos qué olor refiere.

“El hecho de que las áreas olfativas primarias sean activadas por palabras con asociaciones semánticas olfativas soporta la idea que la información sensorial enlazada al referente de una palabra es importante para su representación neuronal”, dice al equipo de investigación llevado por Julio González, César Ávila y Alfonso Barros, que son todos los científicos que trabajan en el departamento de la psicología en el Universitat Jaime I.

Otros estudios anteriores han obtenido las pruebas similares que prestan el apoyo a esta perspectiva teórica, especialmente de las palabras que expresaban las acciones que se relacionan semántico con diversas partes de la carrocería. Así, la investigación anterior ha mostrado que leyendo, por ejemplo, un verbo relacionado con los tramos, tales como retroceso, activa las áreas clásicas del lenguaje y las áreas de motor implicadas en la mudanza de los tramos y de los pies.

Según los autores del estudio, en el cual la compañía Eresa de la radiología también colaboró, todos estos datos sugieren que el significado de palabras no esté lindado solamente a las áreas del cerebro referido a lenguaje, sino que “parece bastante que las representaciones semánticas están distribuidas sistemáticamente en la corteza cerebral entera”.

El trabajo realizado por el Universitat Jaime I y el Consejo de Investigación médico en Cambridge va un camino largo hacia fomentar nuestra comprensión de los principios que regulan la organización del cerebro humano.