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El yodo radioactivo de la explosión del reactor nuclear de Japón encontró en New Hampshire

El yodo radioactivo encontrado por los investigadores de Dartmouth en el ambiente local de New Hampshire es una consecuencia directa de una explosión del reactor nuclear y de un mundo de la fusión la mitad ausente, dice a Joshua Landis, socio de investigación en el departamento de la geología. La falla de la instalación de la energía atómica de Fukushima Daiichi, siguiendo el terremoto del 11 de marzo de 2011 y el tsunami, era el desastre nuclear más grande desde 1986 en Chernóbil. “Vivimos en un planeta realmente pequeño y éste demuestra que qué suceso en Japón tiene el potencial de afectarnos.”

Landis y las personas extraídas del departamento de Dartmouth de la geología y del departamento de la geografía publicaron recientemente un papel en los procedimientos de la National Academy of Sciences que dirigía tales preocupaciones.

“Aunque es deplorable, la catástrofe japonesa ofreció una oportunidad única de examinar el transporte y acumulación de yodo radioactivo en el ambiente,” Landis dice. “Tomamos este estudio sobre todo como científicos en cuestión en el nuestro derecho propio, preguntándose cuánto de este contaminante está bajando realmente, y adonde el yodo se está moviendo en el paisaje.”

El papel denuncia que la prueba en la cuenca hidrográfica del arroyo del visión de New Hampshire durante marzo a mayo de 2011 mostró que la cantidad de deposición radioactiva del yodo en el suelo era mínima, con los cálculos revelando la cantidad total para estar por orden de 6.000 átomos por metro cuadrado. Comentarios de Landis que “en estos niveles, él es inverosímil que esto va a causar consecuencias para la salud mensurables.”

Sin embargo, el muestreo de los sedimentos de corriente del arroyo del visión mostró duplicar de las concentraciones del yodo en relación con qué fue encontrada en suelos. Pero incluso en estas concentraciones, se prevee que la corriente y el transporte de río den lugar a la dilución importante.

El radioisótopo iodine-131, un componente importante del polvillo radiactivo, es un subproducto de la fisión nuclear, altamente radioactivos, agudo tóxicos y de los presentes un riesgo para la salud sobre su baja al ambiente. Tiene una semivida relativamente corta, que es una bendición y una maldición, las notas de Landis. “Libera mucha radiactividad, que lo hace peligroso, pero ha ido tan allí no es muy rápidamente ningún riesgo a largo plazo de la exposición,” él dice. Su alta radiactividad, sin embargo, hace muy perceptible por los instrumentos de la espectroscopia del rayo gamma usados por las personas de Dartmouth en sus análisis.

Éste no es el caso con otro isótopo, yodo-129, liberado simultáneamente a iodine-131. No está como radioactivo, que hace mucho más duro medir, pero es mucho más duradero y, como concentra en ciertas áreas en un cierto plazo, puede llegar a ser más peligroso. “Debido a su semivida larga y baja continuada de la producción energética nuclear en curso, [yodo-129] está acumulando perpetuo en el ambiente y plantea un riesgo radiológico cada vez mayor,” los autores señalan.

La tasa de producción de estos dos isótopos en un reactor nuclear ocurre en una índice fija de 3 porciones de iodine-131 a una porción de yodo-129. Las dos substancias viajan juntas, la presencia del isótopo fácilmente perceptible también hacen señales tan la presencia de largo-viva. “Si usted tiene una acción reciente como Fukushima, usted va a hacer que ambas presenten. El iodine-131 va a decaer de distancia bastante rápidamente a lo largo de semanas, pero el yodo-129 está allí para siempre, esencialmente,” Landis dice. Sin embargo, él explica, “una vez que el iodine-131 decae, usted pierde su capacidad de rastrear la migración de cualquier isótopo.”

Así, la investigación del grupo girada hacia el revelado de un enfoque alternativo innovador a medir y a rastrear el yodo. Qué se convirtió un vástago importante de su trabajo era la metodología de usar el radioisótopo benigno, beryllium-7, como el indicador de búsqueda. Es un radionúclido natural fácilmente descubierto, y es utilizado rutinario por los investigadores de Dartmouth en sus análisis ambientales.

Los investigadores de Dartmouth han mostrado que beryllium-7 sigue los mismos caminos del transporte que los isótopos del yodo. Comprobando la índice de la asociación del berilio al yodo, el trazado del beryllium-7 como se mueve a través del ambiente después permitió que los investigadores rastrearan el transporte paralelo del yodo, y demostraran la acumulación de polvillo radiactivo del yodo en sedimentos de corriente.