Estudie las dispersiones gastrointestinales de las conexiones de GWI con los cambios en microbiota intestinal

Un nuevo estudio de la Universidad de Carolina del Sur ha encontrado una conexión gastrointestinal que podría ayudar a explicar muchos de los problemas de salud que hacían frente a ésos con Enfermedad de la Guerra del Golfo (GWI) así como que abrían nuevos caminos a las opciones del tratamiento que pueden mejorar los síntomas gastrointestinales y neurológicos asociados al desorden.

La investigación es el primer estudio para conectar las dispersiones gastrointestinales de GWI a los cambios en el microbiota intestinal. Esta conexión potencialmente explica la inflamación gastrointestinal y las anormalidades neurológicas (e.g., debilitaciones a la cognición, a la memoria, aprendiendo) que defina GWI.

Las exposiciones de GWI alteran el microbiome (es decir, contenido bacteriano en la tripa), y las endotoxinas afectadas del microbiota después de la producción, que pasan a través de un guarnición enrarecido de la tripa (es decir, tripa permeable) y en la sangre donde circulan en el cuerpo. Estas pastas accionan una reacción inflamatoria que, a su vez, inicie varias anormalidades neurológicas observadas común en GWI.

Las conclusión fueron publicadas por PLOS UNO y llevadas por Saurabh Chatterjee, profesor adjunto de las ciencias de las higienes ambientales en la Escuela de Arnold de USC de la Salud Pública. El estudio observaba cómo las diversas exposiciones experimentadas por los veteranos de la Guerra del Golfo pudieron haber cambiado el microbiome. Los “Seres Humanos y los animales tienen tipos específicos de bacterias que ayuden a ayudar a diversos procesos fisiológicos, incluyendo la digestión, la amortiguación, la inmunidad y la integridad de la tripa, y cuando los factores externos cambian la composición bacteriana en nuestros sistemas digestivos, tenemos problemas,” dice Chatterjee. La “Obesidad, el síndrome metabólico, el síndrome inflamatorio del intestino, y la enfermedad del higado se han conectado ya a los cambios en la composición bacteriana de la tripa.”

Caracterizado por síntomas tales como dolor de cabeza crónico, las dificultades cognoscitivas, la fatiga debilitante, el dolor disperso, los problemas respiratorios, los problemas del sueño, los problemas gastrointestinales, y otras anormalidades médicas inexplicadas, GWI continúan afectar al 25-32 por ciento de los 700.000 veteranos de los E.E.U.U. que desempeñaron servicios en la Guerra del Golfo Pérsico 1990-1991. Veinte años de investigación científica han rastreado estos síntomas a las exposiciones químicas de la Guerra del Golfo y las drogas tomadas durante el despliegue que fueron significadas para prevenir o para contrarrestar estas exposiciones. Sin Embargo, la gran mayoría de éstos estudia se ha centrado en efectos neurológicos (bastante que gastrointestinal), y ningunos de ellos han revelado con éxito los caminos con los cuales GWI afecta al cerebro.

El estudio mostró que no sólo las exposiciones a los agentes sospechosos de GWI llevó a la inflamación en los intestinos, pero al neuroinflammation también. “Generalmente, la tripa es muy selectiva sobre permitir solamente ciertos elementos de lo que comemos y bebemos en nuestra sangre--los gracias a las buenas bacterias,” explican Chatterjee. “Pero cuando los cambios de la composición debido a un aumento en ciertas bacterias malas, éste causan la desorganización al guarnición de la mucosa de las paredes intestinales--llevar un contenido más intestinal para escaparse en la sangre.”

Una Vez en la sangre, las toxinas viajan en el cuerpo para afectar a los diversos sistemas del órgano. Es a través de este camino que las toxinas alcanzan el cerebro, causando el neuroinflammation y los síntomas neurológicos correspondientes que los estudios anteriores han conectado extensivamente a GWI. Ahora que los científicos pueden explicar los síntomas neurológicos que caracterizan GWI, un nuevo paradigma de la investigación se ha abierto--uno relacionado con las opciones del tratamiento.

“Sabemos que muchas enfermedades tienen gusto de la obesidad, enfermedad del higado, y el síndrome inflamatorio del intestino puede ser curado o por lo menos disminuido consumiendo buenas bacterias, como probiotics,” dice Chatterjee. “Ahora que se ha establecido esta conexión, abre la puerta en los nuevos estudios donde los pacientes de GWI toman el probiotics por un periodo de tiempo más largo y, esperanzadamente, ven la mejoría en los síntomas conectados con síndrome metabólico, dispersiones gastrointestinales, y quizá incluso el neuroinflammation.”

Fuente: Universidad de Carolina del Sur

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