Las nuevas conclusión ofrecen pistas sobre los conjuntos de circuitos de los nervios que facilitan o minan la adaptación

La violencia de la vecindad se ha asociado a efectos sobre la salud adversos en la juventud, incluyendo baja de sueño, asma y síndrome metabólico. Con todo una cierta juventud que vive en vecindades del delito grave maneja evitar estos efectos.

Un nuevo estudio de la Universidad Northwestern apunta contestar a un rompecabezas de la elasticidad: ¿Por qué una experiencia de segunda mano o indirecta de la violencia de la vecindad afecta a una cierta juventud, pero no a otras?

“Poco se sabe sobre las redes del cerebro que están implicadas en dar forma estos diversos resultados, un problema que perseguimos aquí,” dijo Gregory E. Miller, autor importante del estudio y profesor de la psicología en la universidad de Weinberg de artes y de ciencias en del noroeste.

“Como estudios anteriores, encontramos que la juventud que vive en vecindades con niveles de la violencia tiene salud cardiometabolic peor que pares de comunidades más seguras,” dijimos a Miller, también persona de la facultad con el instituto de universidad para la investigación del plan de acción. “Ampliando este conocimiento, mostramos que esta conexión está ausente para la juventud que visualizan una conectividad más alta dentro de la red ejecutiva central frontoparietal del cerebro (CEN), que facilita esfuerzos del autodominio así como la reinterpretación de acciones y de la supresión que amenazan de las imágenes emocionales indeseadas.”

Drenando en el conocimiento de la configuración funcional intrínseca del cerebro, los investigadores predijeron que las diferencias individuales en conectividad del descansar-estado ayudarían a explicar variabilidad en la fuerza de la asociación entre la violencia de la vecindad y la salud cardiometabolic.

Los investigadores probaron 218 octavo-graduadores del área de Chicago para los factores relacionados con la salud metabólica, incluyendo obesidad y resistencia a la insulina. Fijando la vecindad descompone en factores, incluyendo tasas de homicidios, a los investigadores también conducto las exploraciones funcionales de MRI (fMRI) de los cerebros de los participantes del estudio.

Constante con las predicciones, conectividad del descansar-estado dentro de la red ejecutiva central emergió como asesor de la adaptación. A través de seis resultados distintos, una tasa de homicidios más alta de la vecindad fue asociada a mayor riesgo cardiometabolic, pero este lazo era evidente solamente entre la juventud que visualizó una conectividad más inferior del descansar-estado del CEN.

No hay tal correlación evidente, sin embargo, en la juventud que visualizó conectividad funcional alto-que descansaba en la misma red del cerebro. Según los investigadores, los resultados sugieren un papel de la red ejecutiva central en la adaptabilidad y la elasticidad a las acciones adversas.

El estudio, debido a su diseño (seccionado transversalmente y de observación), no puede demandar un nexo causal entre la violencia de la vecindad y la salud, y los autores concluyen que un longitudinal, estudio de la multi-onda es necesario rastrear condiciones de la vecindad, el revelado del cerebro y el riesgo cardiometabolic a través de la niñez para establecer causalidad.

“Para los científicos básicos, estas conclusión ofrecen pistas sobre los conjuntos de circuitos de los nervios que facilitan o minan la adaptación,” Miller dijeron.

El estudio adicional podría llevar a las intervenciones posibles, que sus pruebas preliminares sugieren podrían ser “programas del entrenamiento de la red” para modular la conectividad funcional de la red del CEN del cerebro. Estos programas de entrenamiento de la red pueden aumentar el “autodominio, nueva estimación de la amenaza y pensaron la supresión” para bajar el combate de las adolescencias en peligro en las reacciones del uso de la droga, el comer excesivamente y otro a tales tensión.

La “conectividad funcional en red ejecutiva central protege la juventud contra los riesgos cardiometabolic conectados a violencia de la vecindad” fue publicada recientemente en PNAS. Los co-autores adicionales incluyen a Edith Chen, Universidad Northwestern; Casey C. Armstrong, Universidad Northwestern; Ana L. Carroll, Universidad Northwestern; Sekine Ozturk, Universidad Northwestern; Kelsey J. Rydland, Universidad Northwestern; Gen H. Brody, universidad de Georgia; Todd B. Parrish, Facultad de Medicina del noroeste de Feinberg; y petirrojo Nusslock de la Universidad Northwestern.

Fuente: https://news.northwestern.edu/stories/2018/november/resilience-may-be-neurobiological/